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El asesinato del Archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo (Bosnia) puso en marcha una cadena de acontecimientos que condujeron al estallido de la Primera Guerra Mundial, que remodeló el panorama geopolítico del siglo XX.

Antecedentes

Los primeros años del siglo XX fueron una época de crecientes tensiones y rivalidades entre las potencias europeas. El Imperio Austrohúngaro trataba de mantener su influencia en los Balcanes. Sin embargo, esta región era un hervidero de aspiraciones étnicas y nacionalistas, sobre todo entre la población eslava del sur. Uno de los principales catalizadores del malestar fue la anexión de Bosnia-Herzegovina por Austria-Hungría en 1908, que enfureció a Serbia, un reino independiente vecino con aspiraciones de unificar a todos los eslavos del sur bajo su dominio. Serbia, apoyada por Rusia, empezó a fomentar sentimientos antiaustriacos y a promover la idea del paneslavismo, avivando las tensiones en la región.

La chispa que encendió la Primera Guerra Mundial se produjo cuando el archiduque Francisco Fernando, heredero del emperador austrohúngaro Francisco José, y su esposa Sofía fueron asesinados durante su visita a Sarajevo, la capital de Bosnia. Al enterarse de la visita de Fernando, los Jóvenes Bosnios, una sociedad revolucionaria secreta de estudiantes campesinos, empezaron a conspirar para asesinarle. El plan fue orquestado por Gavrilo Princip, Trifko Grabez y Nedeljko Cabrinovic con el apoyo de una sociedad secreta conocida como la Mano Negra. El grado exacto de participación del gobierno serbio en el complot sigue siendo un tema de debate en la actualidad.

El asesinato

El 23 de junio, el Archiduque Fernando y Sofía emprendieron su viaje a Bosnia-Herzegovina a pesar de haber recibido múltiples advertencias sobre posibles peligros. Tras llegar a una ciudad balneario cercana a Sarajevo, participaron en ejercicios militares y Sofía realizó visitas caritativas a escuelas y orfanatos, recibiendo muestras de calidez y cortesía. El 28 de junio por la mañana tomaron un tren a Sarajevo y se embarcaron en una caravana hasta el ayuntamiento en un coche descapotable.

Cuando la comitiva pasó por el Appel Quay, una avenida principal de Sarajevo, siete jóvenes bosnios, entre ellos Princip, se colocaron estratégicamente. Cabrinovic, uno de los asaltantes, lanzó por error una bomba contra el coche del archiduque, que rebotó y explotó, causando heridas a dos agentes y varios transeúntes, pero dejando ilesos a Fernando y Sofía. Cabrinovic intentó quitarse la vida, pero fue detenido.

A pesar del intento de asesinato, Ferdinand continuó con el acto previsto en el ayuntamiento. Más tarde insistió en visitar a los agentes heridos en el hospital, y la comitiva recorrió a toda velocidad el muelle Appel para disuadir de nuevos atentados. Sin embargo, los tres primeros coches, por error, giraron hacia una calle lateral en la que se encontraba Princip. Aprovechando la oportunidad, Princip disparó dos veces, hiriendo mortalmente a Ferdinand en el cuello y a Sophie en el abdomen. Ambos fallecieron poco después.

Tras ser detenido, Princip admitió haber matado a Ferdinand, pero afirmó que no tenía intención de hacer daño a Sophie. Fue condenado a 20 años, ya que era demasiado joven para la pena de muerte. Sin embargo, contrajo tuberculosis y murió en la cárcel a la edad de 23 años en abril de 1918.

Consecuencias del asesinato

El asesinato puso en marcha una cadena de acontecimientos que acabaron provocando el estallido de la Primera Guerra Mundial. Austria-Hungría responsabilizó a Serbia del atentado y lanzó un severo ultimátum que desembocó en la declaración de guerra. Esto desencadenó el complejo sistema de alianzas entre las potencias europeas, con Rusia apoyando a Serbia y Alemania del lado de Austria-Hungría. El conflicto se intensificó rápidamente, atrayendo a otras naciones y culminando en una guerra global que duraría cuatro años y provocaría niveles de destrucción, bajas y guerra de trincheras sin precedentes. Las Potencias Centrales, lideradas por Alemania y Austria-Hungría, se enfrentaron a las Potencias Aliadas, que incluían a Rusia, Francia, el Reino Unido y, más tarde, Estados Unidos.

La guerra fue testigo del colapso de grandes imperios como el Imperio Austrohúngaro, el Imperio Alemán, el Imperio Ruso y el Imperio Otomano, lo que llevó a la redefinición de fronteras y al nacimiento de nuevas naciones en Europa y Oriente Medio. También tuvo importantes consecuencias sociales, políticas y económicas, como el surgimiento de nuevas ideologías, como el comunismo y el fascismo, y la remodelación de las relaciones internacionales.

Autora: Beatriz Camino Rodríguez