Jesús Vico y Asociados, S.L.

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El Fanam del Imperio Vijayanagar

José Ramón Vicente Echagüe 21 Mayo 2021


La numismática del subcontinente indio resulta tan fascinante como compleja. Debido a su historia y situación geográfica, sus monedas han recibido influencias tan dispares como, helenísticas, persas o árabes. En todos los casos, sin embargo, presentan rasgos propios dependiendo de las diferentes regiones que integran este vasto territorio. El fanam del sur de la India emitido de forma continua entre los siglos XIV y XIX, representa el esplendor y decadencia del Imperio Vijayanagar, una de las pocas zonas que quedó fuera de control del Sultanato de Delhi.


Este imperio fue la gran referencia política, cultural e incluso espiritual del sur de la India durante el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna. Fundado en 1336, ocupó todos los territorios del sur del río Krishna y la meseta del Decán (los actuales estados de Karnataka, Andhra, Pradesh, Tamil Nadu, Kerala) y consiguió erigirse en muchos sentidos como guardián de las esencias hinduistas frente al poderoso sultanato del norte. Durante los siglos XV y XVI, Vijayanagar logró un progreso considerable en muchos aspectos, y en especial, en la organización (tal y como puede comprobarse hoy en día en su capital, Hampi, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) y en las obras públicas, como la construcción de embalses y obras de regadío. Otro aspecto que, además, incidió directamente en la emisión de moneda, fue el impulso del comercio interior y exterior en un contexto de contactos cada vez más fluido con los europeos. Vijayanagar necesitaba de Occidente, caballos, elefantes, piedras preciosas y madera de sándalo. Mientras que exportaba, principalmente, especias, arroz, productos textiles y azúcar. A partir de mediados del siglo XVI, el imperio comenzó a sucumbir víctima de sus vecinos, musulmanes del norte y la falta de cohesión interna, con territorios que poco a poco fueron actuando de forma independiente. Aunque siempre conservando su herencia cultural y social. 





Parte de esta herencia se mantuvo en un sistema monetario propio dominado por el oro, a diferencia de su contraparte del norte de India, donde la plata tenía primacía sobre los demás metales. Su unidad monetaria de referencia era la pagoda, pieza de oro de aproximadamente 3,6 gramos de peso. No obstante, fue el fanam de oro, una moneda diez veces más pequeña, la que tuvo un uso más extendido. Los primeros ejemplares surgieron durante el siglo XIV y su acuñación continuó hasta mucho después de la propia existencia de este imperio, bien entrado el siglo XIX. Se caracteriza por su pequeño tamaño (apenas 0,4 gramos y entre 5 y 7 milímetros de diámetro) y su preferencia por símbolos propios del hinduismo, en muchos casos con un nivel de abstracción tan alto que resultan muy difíciles de reconocer. 


Existen diferentes tipos de fanam, siendo el que ilustra este artículo uno de los más representativos. Pertenece al reino de Mysore, uno de los territorios que se independizaron del imperio Vijayanagar durante el siglo XVI. Se trata de un fanam tipo Kanthirava, en honor al rey bajo cuyo mandato se comenzó a emitir entre 1638 y 1659. Su anverso representa a Narasimha, avatar del dios Visnú, mitad hombre mitad león, sentado en posición de yoga. No resulta fácil de identificar debido al grado de abstracción del diseño (la cabeza está conformada por una serie de puntos) y al hecho de que el tamaño del cospel impide reflejar la totalidad de la imagen. Pudiendo apreciarse únicamente la cabeza, el torso y los brazos, y dejando fuera las piernas cruzadas debajo del torso. El reverso por su parte refleja en tres líneas la leyenda Sri Kanthirava en escritura devanagari, también incompleta. 


No es tarea sencilla datar de forma precisa estas monedas, puesto que el tamaño se mantuvo prácticamente inalterado en todo momento, unido al hecho de que proliferaron imitaciones emitidas por británicos y holandeses, cada vez más influyentes en la zona. Algo que en todo caso vendría a demostrar la indudable relevancia que estas pequeñas piezas tuvieron en la economía y sociedad durante siglos. 

                        

José Ramón Vicente Echagüe 

es el autor del blog "Curiosidades Numismáticas"

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El cincuentín, una moneda de prestigio

Ana Vico Belmonte 10 Marzo 2021

Los 50 reales o reales de a 50, fueron acuñados entre los años 1609 y 1682 en el Real Ingenio de Segovia, la única ceca que pertenecía exclusivamente a la Corona. Tenían un valor de 50 reales de plata y sus, aproximadamente, 76 mm de diámetro y 171,5 gramos de metal argénteo les conferían unas características muy particulares para su uso como moneda, por lo que su circulación fue prácticamente inexistente. 

Conocidos mundialmente como "Cincuentines", estas enormes monedas se concibieron inicialmente como obsequios de Estado y de ostentación. Su acuñación no estaba registrada en la legislación monetaria, la cual no abarcaba piezas superiores a los reales y escudos de a 8, por lo que para acuñarlas se requería de una licencia expresa de la Corona, indicando la cantidad de metal que se autorizaba a amonedar.