Jesús Vico y Asociados, S.L.

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Ni serpiente, ni dragón

30 "Octubre" 2020

SUBASTA 157. LOTE 287: JULIO CÉSAR. Denario. Ceca móvil (49-48 a.C.).

Gallia in tres partes divisa est… casi todos los que han estudiado latín recuerdan esta frase con la que César iniciaba su De Bellum Gallico, la Guerra de las Galias, obra en la que narraba en tercera persona la conquista de ese territorio hostil que le sirvió para agrandar las fronteras de Roma, pero también para aumentar su fortuna personal. Sin duda se trata de una obra propagandística en la que César se vende como un gran general, pero no fue el único medio que utilizó para hacer publicidad de sus campañas bélicas. Como en tantas ocasiones desde su creación, la moneda se convirtió en manos de César en un inmejorable soporte de propaganda.

Hoy vamos a fijarnos en un denario que, aunque es muy conocido, suele aparecer mal descrito. Se trata de aquel en cuyo reverso aparece un elefante pisando lo que comúnmente se describe como una serpiente o un dragón, pero que no es ninguno de esos dos animales; es más, ni siquiera es un animal.

No es difícil darse cuenta de que este tema monetario encierra un fuerte contenido simbólico, empezando por el propio elefante, símbolo de César –palabra que en un significado remoto estaría relacionada con elefante- y este animal, símbolo de fuerza y, recordemos que también arma de guerra en la Antigüedad, pisotea, pasa por encima de un objeto que se quiere destruir, de un enemigo.

Pero lo que vemos bajo las patas del elefante cesariano difícilmente podría ser una serpiente, ni por la postura que presenta ni por las connotaciones simbólicas que tenía la serpiente en el mundo romano y de las que encontramos muchos ejemplos en las propias monedas. En ellas, a las serpientes se  las asocia a divinidades como Salus o Bona Dea, se las alimenta y se las cuida y se las considera un símbolo de renovación y de eternidad (la serpiente que se muerde la cola).